
Yo soy el solitario indio Siux
que deja abrevar su caballo en el río
y contempla la tierra que ya nunca
verá crecer un hombre igual.
Los valles y las montañas guardan silencio,
horado por los bufidos y lengüetazos del equino.
Me yergo sobre la montura para aliviarle la carga
y abandono la mirada en la inmensidad de mi espíritu.
Nací en el principio de los tiempos,
cuando en las cuevas empezaba a formarse la estalactita;
cuando las montañas eran jóvenes
y los ríos brotaban por primera vez de sus entrañas.
Yo soy el que ahora muere, el último de mi especie,
y conmigo mueren también estas montañas y los ríos
y hasta el mismo sol que ahora contemplo
morirá cuando yo al fin cierre los ojos.
